jueves, 27 de diciembre de 2007

Algunos agentes externos

Creo que no sería justo empezar con esta historia sin contar la primera vez que alguien de mi entorno se declaró vegetarianx (o, mejor dicho, ovolactovegetarianx).
Fue hace como 13 años, y esa prima mía, (a la que llamaremos Campanilla) me enseñó que “esas cosas” no sólo sucedían en la tele, que no era cosa de hippies trasnochados y colgados del LSD y el “Make Love, Not War”, ni siquiera de personas que se decantaban por esa dieta por motivos de salud.
A esta persona menciono porque fue el primer contacto con una realidad de la que –yo no lo sabía aún- iba a querer formar parte.

Con el paso de los años, iba descubriendo que hay otros motivos por los que la gente no comía carne: religión, motivos de salud, económicos… pero aquellxs que más llamaban mi atención eran lxs que lo hacían por motivos morales y/o de conciencia.
Creces, vas conociendo gente, y te descubres amigxs vegetarianos, veganos, que apoyan la Liberación Animal… y aprendes de ellxs.

Hay en concreto otros dos “agentes externos” que quiero mencionar, y a los que rebautizaré como Hansel y Gretel. Dos amigxs.
Gracias a ellxs he visto el veganismo desde cerca, he conocido lo que puede significar tomar esa decisión en el entorno en el que vivimos, y he percibido las satisfacciones que les aporta a nivel moral.
Pero, y esto es lo más importante, he comprobado que es posible dar ese paso sin que por ello nos volvamos anémicxs perdidxs ni unxs tristes paliduchxs.
Antes de empezar doy las gracias a lxs tres: Campanilla, Hansel y Gretel (espero que haya oportunidad de dar las gracias a mucha más gente).

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